Hombre 41 Años
En el Casino los clientes solían perder los estribos y comenzar a insultar a los pagadores. Esto era algo diario y ante semejante situación lo mejor era hacer oídos sordos, entender la frustración del cliente y seguir con el juego. Sin embargo un día un apostador intentó golpearme pues pensó que se le estaba haciendo trampa ya que iba perdiendo. Intenté tranquilizarlo hablando y explicándole que era un juego de azar y que nadie estaba en su contra, sin embargo no quería escuchar y siguió amenazándome. Ante esto, no hubo más remedio que llamar al supervisor y explicarle la situación. Nunca enfrentarse con el cliente, aunque haya que imponer algunos límites en ciertas situaciones. 10 años de insultos, destratos y maltratos por parte de los clientes me enseñaron a tener paciencia casi infinita y a buscar posibles soluciones a casi cualquier situación.