Hombre 30 Años
En una ocasión, viniendo de una reunión encontré un gran desorden en el local, con una cliente en particular furiosa por un problema con la tarjeta y por la pésima atención que le habían dado. Después de organizar un poco a la gente pude acercarme y note que estaba realmente alterada. Tuve la delicadeza de llevarle al escritorio del gerente del local y dejarle sentarse un rato para que se tranquilizará. Por la naturaleza de su problema entendí que solo él podría solucionarle la dificultad y para cuando el jefe volvió a estar disponible la cliente ya se había tranquilizado y la situación pudo resolverse con mayor facilidad.
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