Mujer 32 Años
Al ingresar al nivel secundario me tocó asumir la conducción de dos cursos nuevos con un clima de aula complejo y varios estudiantes en situación condicional. Fue un desafío importante en cuanto al manejo de grupo y la adaptación de mis clases. Comprendí rápido que no debía resolver la situación sola: me apoyé en el coordinador pedagógico y, de forma clave, en las preceptoras. Ellas, al conocer a fondo la realidad y cotidianeidad de los chicos, me brindaron herramientas indispensables para abordar las distintas problemáticas desde la empatía. Ajustando mi metodología con sus consejos y trabajando a la par de mis colegas, logramos pacificar la convivencia y acompañar el proceso para que varios alumnos salvaran la materia al final del año. Aprendí que ante entornos difíciles es fundamental apoyarse en la comunidad educativa y saber escuchar a quienes más conocen a los estudiantes.